martes, 3 de mayo de 2011

FORMACIÓN TÉCNICA Y PROFESIONAL Y DESARROLLO LABORAL

http://www.universidadysociedad.universiablogs.net/formacion-tecnica-y-profesional-clave-para-el-desarrollo-laboral/

LOS PILARES DE LA COMPETITIVIDAD



Por José I. Távara.
Profesor Pontificia Universidad Católica del Perú

La última CADE, dedicada al tema de la competitividad, puso en evidencia nuestras debilidades y desafíos en el campo de las políticas públicas, la infraestructura, las instituciones y el Estado. Fajnzylber sostenía, hace más de 20 años, que la capacidad de competir elevando el bienestar general no solo depende de las empresas, pues en el mercado internacional “se confrontan también sistemas productivos, esquemas institucionales y organismos sociales, en los que la empresa constituye un factor importante, pero integrado en una red de vinculaciones con el sistema educativo, la infraestructura tecnológica, las relaciones gerencial-laborales, el aparato institucional público y privado, el sistema financiero, etc.”.

Esta visión sistémica de la competitividad –oscurecida por el fundamentalismo de mercado– ha regresado con fuerza y empieza a enriquecer el debate sobre políticas públicas. Un artículo de Pedro Francke explica las conexiones entre las políticas sociales y la competitividad. Francke observa que cuando una trabajadora tiene un hijo y no cuenta con ayuda, o cuando uno de sus familiares se enferma, debe distraer energías en su cuidado, reduciendo su productividad. Con un buen sistema de seguridad social, al alcance de la gran mayoría de familias, las personas estarían más tranquilas y aportarían más esfuerzo y calidad en sus actividades laborales.

La salud tiene también un alto impacto en la competitividad. Las tasas de mortalidad materna son aún 6 o 7 veces más altas que en Chile o Costa Rica, lo que agrava los problemas de desnutrición infantil y, en última instancia, debilita la fuerza laboral. Por deficiencias en el sistema de salud y en las viviendas, los trabajadores son más vulnerables a diversas enfermedades, que interrumpen la producción. En educación también estamos rezagados, empezando por destrezas básicas en lecto-escritura y matemáticas, lo que limita el uso de nuevas tecnologías y eleva las “tasas de mortalidad” de las empresas. Muchos emprendedores fracasan por su débil comprensión de los mercados, su incapacidad para negociar contratos o su ignorancia de principios básicos de contabilidad. El sistema universitario debe contribuir al desarrollo de capacidades de innovación en las distintas regiones, a fin de adaptar las tecnologías a nuestras realidades geográficas y culturales y de aprovechar, de manera sostenible, el potencial que ofrecen nuestros recursos naturales. Este desarrollo puede facilitar la articulación empresarial y reducir las brechas de productividad.

La competitividad también requiere de relaciones de cooperación y de confianza, tanto al interior de las empresas como también entre ellas y con el Estado. Una empresa que maltrata a sus trabajadores no logrará comprometerlos en el esfuerzo innovador, y las empresas que no innovan tarde o temprano desaparecen. La cooperación entre empresas facilita la especialización, la estandarización y la difusión de innovaciones. En ausencia de cooperación Estado-empresas el sector público se burocratiza, la calidad de las inversiones se degrada, los costos de transacción aumentan y la corrupción se extiende, lo cual agudiza los conflictos, reduce la productividad y frena la innovación.

Las relaciones de cooperación y de confianza no emergen espontáneamente, pues se sustentan en conductas éticas, en la transparencia y la equidad. Las políticas sociales pueden contribuir a cimentar estas relaciones, promoviendo la igualdad de oportunidades, la cohesión social y la participación ciudadana en los procesos de decisión. En este sentido las políticas sociales son fundamentales en la construcción de los pilares de la competitividad, entendida en su dimensión sistémica.

POBREZA, PENSIONES Y POLÍTICA

Jue, 27/01/2011 - 05:00

Por: José I. Távara
Profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú -PUCP

Arrancó la campaña electoral pero aún no sabemos si los candidatos tendrán la voluntad y el coraje de enfrentar, con estrategias y metas explícitas, el problema central de la pobreza que aún afecta a millones de compatriotas y se transmite a sus siguientes generaciones. Debería indignarnos y avergonzarnos que los niños y niñas pobres de nuestro país no puedan acceder aún, en pleno siglo XXI, a servicios básicos de calidad que les permitan estar y crecer sanos, bien nutridos y educados, desarrollarse plenamente y ser felices.

La codicia de los poderosos y el cinismo de nuestros líderes han generado mecanismos de transmisión intergeneracional de la pobreza. Hemos avanzado muy poco en salud y educación, retrocedido en seguridad, y no se ha reformado el Estado para ponerlo al servicio de los ciudadanos. La reforma de los sistemas de pensiones ha fracasado por excluyente, pues solo alcanza al 15% de la PEA, uno de los niveles más bajos de América Latina. Más del 70% de los adultos mayores carecen de protección social, una cifra que se eleva al 98% en las familias pobres rurales. Según proyecciones demográficas, el porcentaje de mayores de 65 años se elevará del 6% actual al 16% en el 2050, lo cual elevará la demanda por servicios de salud y seguridad social.

La desprotección de las personas mayores genera mecanismos de transmisión y agudización de la pobreza. Hacerse cargo de ellas puede representar, para una familia pobre, permanecer en la pobreza o caer en la pobreza extrema. Por ello es urgente poner en marcha un sistema de pensiones solidarias no contributivas, es decir, que no requieren de cotización previa a la seguridad social.

Estos sistemas se encuentran ampliamente difundidos a nivel mundial, y en la región destacan Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Costa Rica y Uruguay. Ellos permiten otorgar pensiones a personas mayores de familias pobres, que no están cubiertas por los sistemas contributivos. Según un estudio publicado el 2009 por la Mesa de Lucha Contra la Pobreza, otorgar una pensión solidaria de solo 100 soles mensuales a personas pobres mayores de 65 años, que no reciben otra pensión, tendría un alto impacto en reducir la pobreza, a un costo total del orden del 0.25% del PBI (alrededor de mil doscientos millones de soles de hoy).

En agosto pasado el gobierno anunció un plan piloto de pensiones solidarias, pero se limita a los mayores de 75 años en extrema pobreza de 3 departamentos, con una partida de solo 2 millones de soles. Es urgente avanzar hacia un sistema con mayor alcance y cobertura, y por ello es impostergable una reforma integral de los otros pilares de la seguridad social, incluyendo los sistemas contributivos. Necesitamos un régimen de AFP menos confiscatorio y más equitativo con los trabajadores. Sin una expansión de la cobertura de estos sistemas, que pasa por una nueva ley de AFP, reformas en el régimen público de la ONP, y una reforma tributaria con crecimiento del empleo formal, será más difícil asegurar la sostenibilidad financiera de las pensiones solidarias, y de la seguridad social en general.

El ministro de Economía considera irresponsable que los candidatos ofrezcan subir los sueldos, y su argumento podría extenderse a las pensiones solidarias propuestas en este artículo. Bien vistas las cosas, sin embargo, lo irresponsable es continuar postergando, como lo han hecho los últimos gobiernos, reformas fundamentales en la tributación, la seguridad social, la salud y la educación, de las cuales depende el desarrollo de nuestro país y el bienestar de las futuras generaciones. Esperemos que gane el candidato con la voluntad y la capacidad de liderar estas reformas, de manera firme y efectiva.

lunes, 2 de mayo de 2011

LA FIEBRE DEL ORO

Jue, 30/09/2010 - 21:49
FUENTE: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=PER&pagina=http://www.larepublica.pe


Por: JÜrgen schuldt
Universidad del Pacífico

Talleres y consultorios odontológicos y hasta morgues y crematorios vienen siendo asaltados últimamente en Europa, a la desesperada caza de piezas de oro. Lo que no debe sorprender en vista del extraordinario precio de US$ 1.300 que ha alcanzado en estos días la onza fina (= 31,1 gramos) de oro. Lo que equivale a un incremento nominal de casi 50% respecto a los US$ 880 que costaba hace solo dos años y de 30% respecto a setiembre del año pasado cuando se cotizaba a US$ 995. Ciertamente que, en términos reales, aún no alcanza el récord de enero de 1980, cuando la onza llegó a US$ 675.

Y los que no roban, especulan. Lo que puede observarse en el gráfico (II) adjunto, que nos dice que en el segundo trimestre de este año los “inversionistas” han comprado 530 toneladas de oro, algo más de lo que lo hicieran los “productores” propiamente dichos de las ramas electrónica, joyera u odontológica. Lo que es un indicador más del hecho de que la crisis norteamericana y de los países del Norte se extenderá bastante más de lo previsto.

A la falta de confianza en el dólar en todo el mundo, el oro se presenta como un refugio relativamente seguro, así como paralelamente el exuberante aumento –mayor al del oro– de la plata. La mayor demanda de oro proviene, por cierto, de las compras masivas de China, la que ha adquirido 150 toneladas del precioso metal en los doce meses que van hasta agosto 2010. En efecto, el gobierno chino viene alentando a sus ciudadanos a invertir en oro; y a las empresas extranjeras les va a permitir ofrecer monedas de oro en la bolsa de Shanghai. Nótese, de paso, que China es el principal productor mundial del mineral con 330 toneladas en 2009, a la que le siguen con 220 toneladas anuales, tanto Australia, como Sudáfrica.

De lo anterior que llame la atención que las bóvedas del Banco Central de China (BCCH) apenas alberguen en oro un 1,6% de sus gigantescas reservas internacionales (de US$ 2.500 miles de millones), a diferencia del de EEUU, donde llegan al 73% y en el alemán al 68%. ¿Es de esperar que otro factor que presionará al alza el precio en los próximos meses y años sería precisamente la compra de oro por parte del BCCH? Ya que a estas alturas del próximo año la onza de oro estará –conservadoramente hablando– por encima de los US$ 1.450, seguramente será una buena “inversión”, en un contexto en que incluso hay quienes exageran al afirmar que hacia diciembre 2011 la onza llegará a US$ 2.011. Dicho sea de paso, el Banco Central del Perú ha mantenido constante su stock del mineral precioso en 1,1 millones de onzas, que al día de hoy representa algo más del 3% del valor de las RIN; las que ya han llegado a US$ 42.260 millones, que equivalen al 30% del PBI.

Este artículo también lo puede leer en http://aeperu.blogspot.com

ECONOMÍA NACIONAL DE MERCADO : ¿QUÉ ES?

Jue, 28/04/2011 - 05:00
FUENTE: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=PER&pagina=http://www.larepublica.pe


Por: Santiago Roca
Profesor principal, Universidad ESAN

El plan de gobierno de Gana Perú dice expresamente que de llegar al poder, impulsaría lo que se denomina la economía nacional de mercado. Pero, ¿qué es la economía nacional de mercado?, ¿es este un nuevo término inventado por economistas peruanos iluminados?, ¿cómo se intersectan en este concepto la conducción estratégica de la nación, la coherencia en el manejo macroeconómico, la apertura al mundo, la inversión y el desarrollo de las capacidades productivas y tecnológicas y la inclusión y solidaridad con los menos dotados y favorecidos?

Algunos colegas, mostrando en algunos casos mala intención y en otros ignorancia de los términos y de la historia económica de los países desarrollados, pretenden atribuir a una economía nacional de mercado todos los males que uno pudiera imaginar: el cierre del país al mundo, el regreso de la inflación, la mala administración de las finanzas públicas y de la cuentas monetarias, la implementación de un tipo de cambio fijo, el control de los precios, la estatización de las empresas privadas, el no respeto a la inversión, ni al trabajo, ni a las propiedades y recursos propios.

Paradójicamente, el concepto de economía nacional de mercado es el que ha llevado al progreso a los principales países desarrollados en el mundo. En términos generales y simples se refiere a las habilidades y capacidades de una nación para – en condiciones de mercados abiertos – producir, distribuir y servir bienes en la economía en competencia con otros bienes y servicios producidos en otros países, haciéndolo de una manera que origine mejoras en los niveles de vida para los de adentro (mayores salarios, utilidades, rentas y recaudación). No se trata de ser más competitivo reduciendo los salarios o las utilidades o el pago de impuestos, sino haciendo que los pagos a los factores que todos los nacionales tenemos mejoren en forma constante y progresiva.

Los ingleses que por ejemplo a fines del siglo XV eran pobres, en 100 años aumentaron su competitividad, se apropiaron de las rentas y se volvieron ricos. Aprendieron que no era el laissez faire sino el dedicarse al “buen” y no al “mal” comercio, lo que les traía más riqueza. La lista de buenas y malas actividades en los libros de texto de la época es muy ilustrativa. En el siglo XIX en los Estados Unidos se elaboró el concepto de “capacidad productiva” parecido al concepto de “poder productivo nacional” que se usaba en Alemania. Algunas actividades económicas tenían más poder productivo que otras y en función a ellas crecieron y mejoraron sus niveles de vida. Para Friedrich List, los economistas ingleses de su época (no los del Siglo XVI, XVII) fracasaron en distinguir el interés universal del interés nacional: predicaban una economía cosmopolita en vez de un “sistema de política económica nacional”. Los países deben construir “poder productivo nacional”: la unificación de Alemania y la construcción de los ferrocarriles son un ejemplo de ello.

Por último el Japón, a fines del Siglo XIX y mediados del XX, influenciado más bien por Schumpeter, discípulo de List, en vez de buscar competitividad en sus bajos costos de mano de obra opta por políticas e industrias de mayor valor agregado y tecnología.

La economía nacional de mercado que propone Gana Perú – sin haber participado en su redacción y elaboración – trata creo justamente de esta orientación. No se trata de repetir las experiencias de los países hoy desarrollados, sino de encontrar las fuerzas que hagan que los peruanos: los que tienen solo su trabajo, o capital o tierras u otros factores de producción, puedan elevar sus niveles de vida en relación a los de afuera; y aquellos que no poseen factores en su haber, construyan sobre las oportunidades que el Estado debe generar con los impuestos que todos pagamos. Seguiremos en este tema para responder a las preguntas arriba señaladas en otra oportunidad.

CICLO ECONÓMICO Y POLÍTICA FISCAL

Marzo, 15/03/2011 - 05:00

Por: Santiago Roca
Profesor Principal, Universidad ESAN

No obstante que la política fiscal en el país ha sido, en general, más sana y responsable en los últimos 20 años, su manejo como elemento estabilizador de la economía, mediante políticas contracíclicas, no ha funcionado.

La premisa de la política fiscal contracíclica es “administrar las bonanzas para prevenir las crisis”, es decir, reducir el gasto público (y generar superávit fiscal) en periodos de expansión y aumentarlo (y generar déficit fiscal) en periodos de recesión. En este sentido, el sector público se contraería para evitar la sobreexpansión de la demanda doméstica y aumentaría cuando la demanda fuese insuficiente, con lo cual se busca atenuar los picos y las depresiones económicas para reducir la inestabilidad e incertidumbre entre los agentes económicos.

Esta política genera beneficios adicionales como: i) evita el sobreendeudamiento interno en la fase expansiva, tanto del sector público como del privado, lo que resulta vital para impedir las nocivas burbujas financieras; ii) reduce las presiones inflacionarias (en el ciclo expansivo) y deflacionarias (en el ciclo recesivo); iii) facilita el control y/o reestructuración del gasto público, ya que debería ser relativamente más fácil suprimir determinados ítems del gasto público cuando la situación económica de hogares y empresas es un tanto más holgada que cuando se atraviesa por un periodo recesivo; y iv) apoya la efectividad de la política monetaria del BCRP.

Sin embargo, la lógica con la que se maneja la política fiscal suele ser justamente la contraria: ¿para qué ajustar o controlar el gasto estatal si se cuenta con ingresos fiscales suficientes? En la medida que el manejo de muchas de las instituciones públicas está “formateado” a un manejo de presupuesto: “cuántos fondos se proyecta para el año y, por ende, cuánto puedo gastar”, el gasto aumentará mientras haya mayores ingresos. Y los fondos disponibles son mayores en el ciclo expansivo de la economía debido a que los ingresos fiscales aumentan cuando crece la economía.

Para implementar estos mecanismos o movimientos compensatorios del presupuesto público es preferible manejar las variables del gasto antes que las del ingreso, dada la necesidad de mantener cierta estabilidad en el campo tributario. Una medida que ayudaría a conseguir este objetivo sería la programación del gasto público en planes multianuales, de modo que se compensen los ciclos económicos. Asimismo, es necesario manejar fondos de reservas del sector público de mediano plazo, los cuales crecerían en el periodo expansivo y descenderían en el periodo recesivo.

Consecuentemente, la fijación del gasto público no debería estar en función de los ingresos recaudados en el año, sino de las necesidades del sector y de la sostenibilidad de los ingresos tributarios y el endeudamiento neto del sector público en el mediano y largo plazo. Esto es, los gastos deberían están en función de los ingresos tributarios de largo plazo, ajustados por el ciclo económico y sin considerar los ingresos extraordinarios como la que actualmente se observan a raíz de las altas cotizaciones de las materias primas que el país exporta.

Lamentablemente, utilizando estos indicadores se puede demostrar que en los últimos cinco años, la política fiscal en el Perú no ha sido contracíclica, lo que eleva el riesgo del sistema financiero, hace más complejo el manejo de la estabilidad de precios y complica la propia posibilidad de restructurar el gasto público y la efectividad de la política monetaria.

LA NUEVA COYUNTURA MUNDIAL



Por: Bruno Seminario
Profesor de la Universidad del Pacífico

La producción industrial de Estados Unidos en abril del presente año registróun crecimiento anualizado de 5.2 por ciento. En Asia, los resultados son aún más espectaculares: la tasa de crecimiento anualizada de la producción industrial de Japón, Corea del Sur y China en el mismo mes fue 25.9, 19.9 y 17.8 por ciento , respectivamente.En Europa la información revela un desarrollo similar: el crecimiento de abril de la producción industrial de Alemania fue de 13.2 por ciento y de toda la Zona del Euro de 9.5 por ciento.

Pero, esta coyuntura tan esplendorosa, ¿debe llevarnos a pensar que terminó la primera gran crisis del siglo XXI? ¿Viene después del colapso nanciero y el derrumbe el mercado un nuevo período de expansión mundial que exprese con mayor claridad el nuevo papel de China, la India, Rusia y Brasil en la economía mundial? Aunque no podemos desechar con absoluta certidumbre este vaticinio tan optimista, podríamos cometer un grave error de juicio si aceptáramos este pronóstico sin analizar los nuevos y peligrosos desarrollos que se han registrado en Europa a partir de mayo, pues estos sugieren el inicio de una nueva fase del proceso.

Podemos afirmar, en primer lugar, que las espectaculares tasas de crecimiento que registra la producción industrial en todo el mundo son una mera reflexión estadística de la intensidad de la recesión. Así, las economías que experimentaron el año pasado los descensos más abruptos son aquellas que en los primeros cuatro meses del 2010 muestran los aumentos más notorios. Estos resultados tampoco incorporan el impacto de los nuevos desarrollos, pues estos solo han de expresarse a partir de mayo.

Si algo expresa esta rápida y contundente recuperación es la efectividad de las políticas de estímulo keynesianas. A pesar de este éxito, aunque el año pasado hubo algunas innovaciones tecnológicas que pueden estimular la inversión privada y así ofrecer un mecanismo de crecimiento que sea independiente del Estado, su alcance parece muy limitado: televisión digital de alta resolución, nuevos teléfonos y modelos de computadoras, lectores de libros electrónicos, etc. Nadie prevé para el futuro inmediato una nueva revolución tecnológica de la misma extensión como la que ocurrió en los 80.

Sin ella, el dinamismo de la demanda interna depende en lo fundamental de la política fiscal y monetaria, y de las medidas de estímulo al comercio exterior. Como el segundo factor se limita a redistribuir el dinamismo de un país a otro sin afectar la demanda mundial, los únicos factores relevantes para el mundo como un todo serían la política económica, la frágil y nerviosa psicología de los inversionistas financieros y la coordinación internacional de las políticas económicas.

El gran problema es que la política económica actual es claramente insostenible y decidida por las autoridades de los distintos países sin considerar el efecto probable de la misma sobre otras economías o el mundo como un todo. Ello es así porque la globalización económica ha avanzado a un ritmo más rápido que la política, marcada por la disminución de la importancia de las Instituciones Internacionales, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, y, la ineficacia de la actual arquitectura financiera internacional. En estas circunstancias, la ausencia de coordinación de las políticas económicas nacionales puede generar con facilidad una nueva recesión.

En Europa, la recesión ha provocado una transformación política gradual de la Unión Europea, es decir, la sustitución de gobiernos socialdemócratas por gobiernos conservadores.

Como la ideología conservadora no tiene simpatía alguna con la expansión del Estado o la política keynesiana, estos nuevos gobiernos han anunciado que retirarán las medidas de estímulo fiscal, pues temen que la expansión del gasto público pueda generar un aumento en la tasa de in ación.

El gran problema es que una política de esta naturaleza, en un sistema de tipo de cambio exible, tiende a provocar una apreciación del dólar respecto al euro, un aumento de las exportaciones de toda la zona del euro y una disminución de sus importaciones.

Podemos comprender el impacto de estas políticas, con ayuda de la figura adjunta. En ella, hemos dividido el mundo en tres zonas: Estados Unidos, la Zona del Euro y China. En azul pueden leerse las exportaciones de cada región hacia las otras zonas, y en rojo sus importaciones. El valor que corresponde al año actual se representa en el color correspondiente, y, sin color el que corresponde al 2009. En particular, China mantiene un superávit con Estados Unidos y la Zona Europea, pero la Eurozona un superávit comercial con los Estados Unidos. Sin duda, la apreciación del euro y la desigualdad en las tasas de crecimiento entre ambas regiones, puede aumentar el valor de este superávit. En un artículo reciente publicado en el Financial Times, Fred Bergsten estima que el superávit comercial que la Zona del Euro mantiene con Estados Unidos podría alcanzar 300 billones de dólares, y así duplicar el valor que tuvo el dé cit estadounidense en el 2006. Esta amenaza puede provocar una respuesta por parte de Estados Unidos que tenga como objeto contener los efectos económicosy financieros de este nuevo desarrollo.

Aunque no conocemos aún cuál será la respuesta del gobierno estadounidense, no sería sorprendente que haya una guerra comercial entre Estados Unidos, China y la Zona del Euro. En efecto, el gobierno de Obama no parece estar dispuesto a tolerar la política mercantilista de los gobiernos asiáticos y los nuevos gobiernos europeos.