viernes, 19 de octubre de 2012

“PROGRAMA DE FORMACIÓN EN SALUD INTERNACIONAL”

Organización Panamericana de la Salud.

Una Propuesta Educativa Basada En Competencias.
División de Desarrollo de Recursos Humanos.
OPS/OMS; Washington, D.C. Marzo, 1998
FUENTE: http:// www.americas.healths-sector-reform.org/sidorh/documentos

FINALIDAD

El trabajo describe el “PROGRAMA DE FORMACIÓN EN SALUD INTERNACIONAL EN LA ORGANIZACIÓN PANAMERICANA DE LA SALUD” como una propuesta basada en competencias específicas para el trabajo desde el punto de vista de una visión de interacción internacional. Este programa se creó en 1985.

META:

1.      Contribuir al fortalecimiento de la capacidad de cooperación de los países y de la región, como estrategia para mejorar los niveles de salud de sus poblaciones,
2.      Reducir las diferencias intra e interpaíses en salud y promover la paz y el desarrollo social y económico mediante la formación de líderes en salud internacional.
3.      Elaborar objetivos, estrategias e instrumentos educativos que promuevan un aprendizaje en la práctica y desempeño institucional en la cooperación internacional en salud.

COMPONENTES:

La elaboración de un marco de referencia para la propuesta educativa abarca 3 componentes fundamentales:

1.      LA SALUD INTERNACIONAL CAMPO DE PRÁCTICA Y DE DESARROLLO.

Se construye sobre la salud pública y las relaciones internacionales. La singularidad del programa consiste en la posibilidad que ofrece de pensar y construir la salud desde un ámbito internacional.
Los participantes en el programa deben poseer conocimientos en salud pública y experiencia en este sector en sus 5 divisiones:

a.                   Control y prevención de enfermedades.
b.                  Desarrollo humano y de la salud.
c.                   Protección y promoción de la salud,
d.                  Desarrollo de sistemas y servicios de salud,
e.                   Programa especial de vacunas e inmunizaciones y otros programas particulares.

2.       LAS COMPETENCIAS ESENCIALES EN SALUD INTERNACIONAL.

Para las finalidades del programa son las siguientes:

a.      Competencias básicas:
-          Capacidad de expresarse adecuadamente en forma escrita y verbal,
-          Dominio de los idiomas que exige el programa,
-          Computación básica de organización del tiempo y del trabajo.
b.      Competencias específicas o especializadas: son aquellas relativas al campo disciplinario, de formación y de experiencia del participante.
c.       Competencias esenciales: son un grupo de competencias genéricas asociadas al programa de formación:
-          Liderazgo.
-          Consultoría.
-          Cooperación.

3.      LAS PRINCIPALES ESTRATEGIAS EDUCATIVAS.

El programa de formación en salud internacional ofrece tres grandes estrategias para el desarrollo de las competencias esenciales en salud internacional:

a.      La inserción en el trabajo de la organización.

El participante en el programa se enfrenta con una serie de tareas, demandas y exigencias novedosas, que corresponden a la cooperación técnica internacional en salud, por lo cual se exige al participante un esfuerzo de entendimiento de la realidad y adecuación de sus modelos, representaciones y saberes, para una inserción exitosa y una contribución efectiva de la unidad técnica.

b.      El tutor.

Representa una segunda estrategia educativa al asumir las funciones de guía, de orientador y de asesor del participante, asimismo facilita la integración del participante en el seno de la unidad.

c.       El trabajo de grupo.

-          Los participantes en el programa conforman un auténtico grupo de aprendizaje que contribuye al desarrollo de las competencias esenciales.
-          Favorece el debate sobre las dinámicas organizacionales de una institución internacional especializada en salud y su grado de contacto con la realidad.
-          Promueve un intercambio en experiencias laborales y conocimientos de los participantes con nuevas experiencias comunes.
-          El trabajo de grupo plantea temas fundamentales relacionados con la salud internacional:

O La cooperación técnica y financiera en salud.
O Las instituciones activas en salud del sistema internacional.
O Las tendencias nacionales y regionales relevantes para la salud.
O El análisis comparativo en salud.
O La formulación y el análisis de políticas en salud.
O El desarrollo de proyectos y la negociación, entre otros.

EL SEPULCRO DE LOS VIVOS

Actualmente la experimentación en humanos no constituye una novedad, como tampoco es una primicia la reflexión de dilemas éticos vinculados con la violación de los principios y regulaciones establecidas internacionalmente en esta materia. Sin embargo, es insuficiente el escrutinio sobre los conflictos éticos globales presentes en las investigaciones clínicas, engendrados por las diferencias socioeconómicas entre comunidades y regiones; estos continúan siendo los problemas éticos menos abordados.
El creciente desarrollo de la industria farmacéutica, así como su ingreso al mercado mundial, desvirtuó el objetivo fundamental de muchas investigaciones clínicas, asciende entonces al primer escaño la venta del producto y queda marginado el beneficio al ser humano. La mercantilización de las tecnologías sanitarias ha provocado la necesaria incorporación de los análisis económicos en las investigaciones, al punto de llegar a considerarse parte esencial en el diseño de los ensayos clínicos, algo por lo que se aboga en la actualidad.
Sin embargo, la investigación clínica necesita el cumplimiento de requisitos éticos especiales, pues su propósito es obtener un recurso diagnóstico o terapéutico para el mejoramiento de la salud y el bienestar y/o aumentar la comprensión de la biología humana. Luego, los sujetos que participan en este tipo de investigaciones son sólo un medio para asegurar tal empeño, sobre todo cuando participan aquellos que se encuentran en estadios irreversibles de determinada enfermedad. En consecuencia, en todo ensayo clínico existe el potencial de explotación, al colocar a los sujetos incluidos en el estudio en una situación de riesgo de ser perjudicados en aras del bien de otros. Por ello, los requisitos éticos para la investigación clínica demandan reducir al máximo la posibilidad de explotación, con el fin de asegurar que los sujetos de investigación sean tratados con respeto mientras contribuyen al bien social. Los derechos, seguridad y bienestar de los sujetos que participan en el ensayo son los aspectos más importantes que se deben tener en cuenta y deben prevalecer sobre los intereses de la ciencia y la sociedad.
Hace algunos años la mayoría de los ensayos clínicos se realizaban en los países desarrollados, por ser estos los que cuentan con los medios económicos y tecnológicos necesarios para asumir estudios de tal naturaleza. Igualmente, los resultados obtenidos en muchas de las investigaciones científicas realizadas se polarizaron y en consecuencia, el desarrollo científico y tecnológico era amargamente excluyente. Los beneficios aportados por los descubrimientos del siglo pasado siguen siendo inaccesibles para más de las dos terceras partes de la población mundial.
Una de las declaraciones de la Asamblea Mundial de la Salud expresaba que los aspectos éticos de los ensayos clínicos fueron concebidos esencialmente para ser puestos en práctica en los países desarrollados o en las zonas más urbanizadas de los países en vías de desarrollo. Sin embargo, en la actualidad con frecuencia se recurre a las comunidades más pobres para llevar a cabo este tipo de estudios.
Son varias las razones que condujeron al cambio de estrategia y no es posible evaluarlas de otra manera sino de oportunistas, pues los motivos no son justamente extender el desarrollo tecnológico a las regiones vulnerables y mucho menos brindar posibilidad de tratamientos de primera línea a sus poblaciones. Es obvio, por ejemplo, que la realización de los ensayos clínicos en países en vías de desarrollo se hace mucho menos costosa para el financista. Además, existen mayores facilidades para eludir las restricciones éticas exigidas en los países desarrollados, pues en muchas naciones del tercer mundo todavía no se han expedido las normas jurídicas que establecen la vigilancia ética de los ensayos clínicos y en algunos casos los profesionales responsables de asumir la labor de vigilancia no son debidamente identificados o carecen de la preparación adecuada.
La ausencia de concepciones éticas claramente definidas, para afrontar todos los retos de la salud pública, la asistencia sanitaria y la investigación -en especial, aunque no únicamente- la experimentación con sujetos humanos, debilitan la capacidad de los países en desarrollo de responder a esos fenómenos y, sobre todo, ponen a la población regional en riesgo de ser utilizada como “conejillo de Indias” por grupos de intereses inescrupulosos, que aprovechan el vacío legal para realizar prácticas prohibidas en sus países de origen.40 ¿Cómo definir tamaña actitud que aprovecha la vulnerabilidad de las regiones pobres en nombre de la ciencia? ¿No es esto explotación de los países en desarrollo en virtud de sus debilidades sanitarias, económicas, unido en muchos casos a las peculiaridades históricas, religiosas y culturales que los identifican? Algunos autores claramente lo definen como Imperialismo Ético.
Por ejemplo, Garrafa y Machado, afirman que “algunos países desarrollados unidos a poderosos complejos empresariales internacionales de medicamentos y bioderivados, interesados exclusivamente en el mercado y el lucro, hacen valer su poder económico en detrimento de las prioridades sociales con el consecuente usufructo de los beneficios del mundo contemporáneo. Reconocen, además que vivimos una era de globalización y fundamentalismo económico caracterizada por una intensa asimetría científica y tecnológica, y por un imperialismo ético hacia las naciones más pobres”.
Tales consideraciones tienen lugar a partir de situaciones tan discriminantes e inhumanas como las que se ilustra a continuación:
En 1994 fue publicada la primera intervención efectiva para reducir la transmisión perinatal de VIH, investigación clínica, realizada en Francia y Estados Unidos. Consistía en la administración a la embarazada seropositiva de Zidovudina (AZT) por vía oral, durante el segundo trimestre del embarazo junto con la administración endovenosa durante el parto, y al neonato, por vía oral por seis semanas asociado a la suspensión de la lactancia. Dicho régimen, conocido por ACTG 076 redujo la incidencia de infección neonatal en dos tercios (de 25 % en el grupo control a 8 % en el grupo de tratamiento). El ensayo fue suspendido tras un análisis intermedio debido a la magnitud de la diferencia observada. Desde ese momento el nuevo esquema se convirtió en el tratamiento estándar de la embarazada HIV positiva. Sin embargo, los altos costos del medicamento hacían inviable su aplicación en los países en desarrollo, por lo que un panel de expertos convocado por la OMS decidió recomendar que se probaran otras modalidades terapéuticas más simples usando inclusive un placebo en poblaciones control. Poco después se iniciaron investigaciones con antiretrovirales en 18 países, en 15 de los cuales se utilizó placebo.
Todos estos ensayos se realizaron en países en desarrollo (Costa de Marfil, Uganda, Tanzania, entre otros). Laurie y Wolf publicaron en 1997, algunas particularidades de estos estudios, y destacaron que a diferencia de los estudios realizados en países tercermundistas, en los ensayos ejecutados en Estados Unidos, el grupo control recibió el esquema ACTG 076. Los resultados se hicieron públicos en revistas importantes y de notable factor de impacto. Ello suscitó un intenso debate a nivel internacional, en el cual se enfrentaron dos posiciones con respecto a si la utilización de placebo en las regiones pobres constituye o no una violación a los derechos humanos fundamentales y a los acuerdos internacionales en investigación humana ya suscritos. Realmente, se escucharon muy poco en el debate las voces de los países en desarrollo, y la discusión se centró más en las regulaciones vigentes que en los problemas básicos que subrayan las iniquidades en salud y los derechos humanos en estos países.
El empleo de placebo produjo una polémica que se ha mantenido perenne en la comunidad científica internacional. Sin embargo, a partir de situaciones como la antes descrita, cabe analizar cómo es posible que el ensayo clínico con placebo sea analizado de manera diferente, cuando se incorporan al debate “la economía” y “las iniquidades sociales”.
Una de las justificaciones argüidas para el empleo de placebo en las comunidades pobres es la ausencia de un tratamiento estándar, por tanto no hay “incremento del riesgo”, de cualquier manera los pacientes reclutados no recibirían la droga, ingresaran o no al protocolo. Es decir, tal diseño siempre resultaría ético en países pobres porque en ellos la ausencia de retrovirales representa la situación normal, lo que no ocurre así en los países industrializado. Por fortuna, no son pocos los que discrepan de tales planteamientos. Justificaciones como la ofrecida pueden ser evaluadas como una especie de ética biomédica transcultural, que recuerda la ética política de ciertos estadistas y políticos europeos que sobrellevaban la existencia de regímenes dictatoriales en Sudamérica, argumentando que las condiciones sociales no daban para más.
Establecer el diseño del ensayo clínico, decidir el uso de placebo, determinar el esquema de tratamiento a emplear en los controles, a partir del desarrollo económico de la población y las iniquidades sociales consecuentes es, simplemente, explotación. La falta de equidad no puede convertirse en una virtud científica-metodológica. En la investigación, más importante que las consideraciones de utilidad y eficiencia, es el compromiso con el paciente involucrado. Si se permite el ingreso del utilitarismo en una relación que debe ser guiada por el altruismo y la virtud, el peligro de injusticia será inminente, y de ninguna manera se estará contribuyendo al beneficio y desarrollo de la humanidad.
Franco plantea algunos cuestionamientos sobre el tecnologismo desenfrenado y la cotidianidad tercer mundista, que es interesante exponer: “¿Somos investigadores activos, o potenciales pasivos implementadores de algunas técnicas en serie? ¿Somos sujetos de los usos saludables de los avances logrados, o sujetos de experimentación menos costosos que ciertos ratones de laboratorio primer mundistas?”. Cabe añadir una interrogante más, ¿Son acaso las muertes en África o en cualquier otro país del tercer mundo un beneficio para la civilización?
Los orígenes de la Declaración de Helsinki, no deben ser desdeñados jamás. Bajo el slogan “Todo en nombre del Progreso y la Ciencia”, las trasnacionales y las grandes compañías farmacéuticas están incurriendo en el mismo cataclismo ético producido durante la Segunda Guerra Mundial

ÉTICA E INVESTIGACIÓN EPIDEMIOLÓGICA

Aunque la discusión se encauza, fundamentalmente, hacia problemas éticos globales de índole social que repercuten en la salud de las poblaciones, el problema que en este contexto plantea la investigación no puede ser desdeñado, pues la actividad científica igualmente ha sido victima de numerosas violaciones de los principios bioéticos establecidos internacionalmente.
La historia de la investigación epidemiológica no cuenta con tantos episodios no éticos como la investigación clínica, pero no por ello han sido menos espeluznantes. Es obligado citar el escándalo internacional provocado por la trágica investigación realizada en la ciudad de Tuskegee (1932-1972), en el sur de Estados Unidos, cuyo informe reveló el estudio de la evolución de la sífilis sin medicamentos en una población socialmente vulnerable, la población negra. Este genocidio fue santificado por el gobierno norteamericano durante décadas.
A principios de los años noventa del pasado siglo, la preocupación por la ética de las investigaciones se extendió a los estudios epidemiológicos en poblaciones humanas. Poco después, trascendió a las investigaciones multicentros o colaborativas internacionales, especialmente las ejecutadas o financiadas por países desarrollados y realizadas en países en vías de desarrollo.
El Consejo de Organizaciones Internacionales de Ciencias Médicas (CIOMS), organismo afiliado a la OMS, reunió a expertos de varias regiones del mundo y en 1993 promulgó las NORMAS INTERNACIONALES PARA LAS INVESTIGACIONES BIOMÉDICAS CON SUJETOS HUMANOS. El documento, además de establecer los principios individuales a considerar en este tipo de estudio, analiza con detalles todos los aspectos éticos relacionados con investigaciones en las que participa más de un país. Asimismo, dedica atención especial a las investigaciones en "comunidades subdesarrolladas" advirtiendo que antes de iniciar cualquier investigación debe tenerse certeza de que se puedan realizarse por igual en comunidades desarrolladas (protección al vulnerable), el estudio debe responder a las necesidades de salud de la comunidad y el proyecto de investigación debe ser examinado y aprobado por una comisión de evaluación ética que incluya a personas que conozcan bien las costumbres y tradiciones de la región. Estas medidas se consideraron imprescindibles en su momento para evitar la explotación de las comunidades subdesarrolladas por los investigadores de países más desarrollados.
No obstante, la existencia de las pautas éticas internacionales antes referidas, continúa la realización y publicación de estudios que violan los principios y acuerdos establecidos. Se podría citar, por ejemplo, las pesquisas relacionadas con el SIDA realizadas en los llamados países periféricos. Tal es el caso de los proyectos ejecutados en las poblaciones rurales de Uganda con el objetivo de determinar los factores de riesgo asociados a la transmisión heterosexual de HIV-1, y también, verificar la relación entre dicha transmisión y la carga viral. Es importante destacar que en estos estudios centenas de personas infectadas por el virus fueron observadas durante 30 meses, sin que se les suministrara tratamiento alguno con la intención de obtener información precisa y completa de la enfermedad.26,27 Apenas transcurrió una década de la proclamación de las Normas Internacionales para las Investigaciones Biomédicas con Sujetos Humanos (CIOMS), y se repitió el siniestro “Caso Tuskegee”. Es infame la aprobación de estos estudios por los “grupos de revisión ética” de los países involucrados y de los patrocinadores. Investigaciones como estas jamás serían aprobadas en regiones desarrolladas, al parecer, los patrones éticos son diferentes para los países “pobres”, “periféricos”, “vulnerables” o “en vía de desarrollo”.
Otro criterio, no menos significativo, es la evaluación del beneficio individual que reciben los sujetos participantes en los estudios epidemiológicos observacionales. Se ha enunciado en múltiples ocasiones como dificultad fundamental que plantean los estudios de salud pública que los “pacientes” no son sujetos, sino poblaciones y lo que a veces es bueno para las poblaciones, a menudo viola los derechos de los individuos. Un ejemplo de esto lo constituyen los ya referidos estudios de pesquisaje para el SIDA y las investigaciones que incluyen pruebas genéticas.
Apoyados en los juicios citados, autores como Bayer y Fairchild, seguidores de una vertiente que intenta delimitar la ética de la salud pública, cuestionan el individualismo bioético y señalan las dificultades que pone a la investigación epidemiológica el consentimiento informado, la casi imposibilidad de compatibilizar la vigilancia epidemiológica con el derecho a la privacidad y toman como ejemplo la epidemia del VIH/SIDA, las tensiones entre la libertad y el confinamiento y las cuarentenas impuestas por ciertas epidemias tales como la reciente del síndrome agudo respiratorio (SARS) y las tensiones entre el paternalismo y la autonomía.
La carencia del debate en Cuba y la no profundización en temas tan sensibles como los mencionados demandan una valoración crítica sobre el conocimiento y actualización de los salubristas en los aspectos discutidos. Aunque no es menos cierto que la presencia de la bioética en la formación curricular de los profesionales de la salud sigue siendo un tema insuficientemente abordado, tanto en el orden teórico, como práctico. Los epidemiólogos calificados que provienen de las ciencias médicas, usualmente han requerido para su práctica profesional, estar suscritos a un código de ética médica, lo que les otorga la categoría como algunos autores plantean de “profesiones autorreguladas”, aunque estos códigos de ética se relacionan fundamentalmente y en algunos casos casi exclusivamente con la atención médica y la relación médico-paciente. No obstante, resulta común que la mayoría de las personas que se forman en epidemiología y provienen de otras disciplinas, jamás hayan estudiado ética ni están suscritos a un código de ética específico para el desarrollo de sus funciones como especialistas y menos aún para el desarrollo de investigaciones en esta esfera. Sin embargo, son múltiples las cuestiones bioéticas que pueden ser abordadas en el contexto de las investigaciones epidemiológicas que abarcan desde el manejo de la información procedente del sujeto que participa en el estudio hasta elementos metodológicos y de diseño.
Si bien las consideraciones éticas de la investigación en salud pública corresponden principalmente al campo del conocimiento, los mayores cuestionamientos éticos emergen de la acción y de los indicadores de la situación de bienestar. La indagación teórica en salud pública se cruza inevitablemente con la reflexión ética tanto por los conceptos que la fundamentan, como por los temas que aborda, las realidades que devela y reconoce y las posibles aplicaciones e implicaciones del saber producido. Equidad, justicia, libertad, bienestar, responsabilidad, participación, diversidad, derechos, son algunas de las categorías esenciales de cualquier indagación seria en salud pública, y todas ellas hacen parte también del abecedario básico de la ética. Pero la investigación no es un juego conceptual, la materia prima es la realidad.
La ética de la investigación en salud pública no sólo tiene que ver con la consistencia del planteamiento con ciertos valores universales. La cotidianidad de la investigación se traduce también en la respuesta que se de a preguntas tales como: ¿Qué investigar? ¿Cómo investigar? ¿Cuándo investigar? ¿Para quién investigar? Ninguna de las respuestas a estos cuestionamientos es neutra, detrás de cada una, implícita o explícitamente, hay no sólo intereses científicos asépticos sino también adscripciones ideológicas, escalas de valores y obviamente se incluyen los intereses políticos y económicos particulares.
Respetando las motivaciones científicas y la amplia diversidad de temas, problemas y métodos, es preciso que la respuesta a las interrogantes planteadas, además de ser coherente con los principios éticos ya enunciados, sea socialmente pertinente y metodológicamente correcta, además de ponerse al servicio del interés sanitario de la colectividad.
La investigación científica objetiva, a menudo es utilizada como base para decisiones políticas y está cada vez más amenazada por intereses creados que intentan controlar las consecuencias o el impacto de sus resultados. Rosenstock ilustra las amenazas reales a las investigaciones y el impacto sobre la sociedad mediante el análisis de diversos casos y describe cómo ciertos grupos de interés han influido en políticas relativas a programas de intercambio de agujas para la prevención del VIH (no financiar este tipo de programas), ergonomía (rechazar el estándar ergonómico) y mamografías para la detección de cáncer de mama (recomendar a las mujeres entre 40 y 50 años realizarlas cada uno o dos años, cuando es insuficiente). Son muchos los intereses creados -financieros, ideológicos o políticos- además de los intereses corporativos.
La búsqueda de respuestas prácticas y éticas, que hagan énfasis en las necesidades de los que están excluidos del proceso de desarrollo, se ha convertido en una prioridad para los países del hemisferio sur. Se necesita un nuevo marco crítico vinculado directamente con las necesidades de la mayoría. En un marco de este tipo, los dilemas que se plantean a diario a los especialistas en salud pública y en bioética del mundo menos desarrollado se abordarían con mayor objetividad. Los objetivos no serían como lo son ahora, invariablemente perjudiciales para los más vulnerables.
La racionalidad bioética debe ser un acicate intelectual y moral para la transformación del sistema, del que no podrán mantenerse al margen la teoría y la práctica de la justicia social como nueva filosofía de la salud.18

PROBLEMAS ÉTICOS UNIVERSALES, UNA MIRADA SALUBRISTA

La salud pública debe entenderse como un punto de encuentro donde confluyen las ciencias biológicas, sociales y de la conducta en poblaciones determinadas, se ocupa de las respuestas sociales e institucionales a determinadas condiciones epidemiológicas. Se trata, por tanto, de una disciplina que articula simultáneamente un modelo medicalizado (concepto salud-enfermedad), un sistema institucional de respuestas y un conjunto de terapias específicas que combina enfoques biológicos, políticos y sociales. Así, tiene como fin la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad, el diagnóstico y tratamiento de padecimientos y la rehabilitación física y social.
En estos términos, el planteamiento bioético de Potter, significó un gran avance en su momento que permitió ampliar el campo de la ética en la salud, reducido hasta entonces a la deontología en las diferentes especialidades médicas. Luego se fue consolidando una tendencia dominante a fundamentar el edificio bioético en algunos principios generales, tres hasta el Informe de Belmont (1978): beneficencia, autonomía y justicia, formulados por dos filósofos norteamericanos, Beauchamp y Childress. A esta corriente se le ha denominado principalista, justamente para resaltar su apego a los principios mencionados y su intento de abordar con ellos básicamente los problemas éticos a nivel individual.
A partir de la década de los años 90 del pasado siglo, el auge del principalismo estimuló el desarrollo de diferentes vertientes en el campo de la ética y la salud en busca de respuestas a problemas de predominio colectivo y social, con fundamentaciones diferentes o complementarias a los principios señalados. Europa y los Estados Unidos han realizado importantes contribuciones en la refundamentación de la bioética, ampliación de su perspectiva y su problemática y el esclarecimiento de sus aplicaciones en salud pública. Especialmente relevantes han sido los aportes de Giovanni Berlinguer, quien ante la interrogante de si es posible desarrollar principios universales en bioética, respondía: “Si pensamos en principios universales en bioética, el fundamental sería, probablemente, igual dignidad de todos los individuos y equidad frente a la vida, la enfermedad y la muerte”.
Ante los cuantiosos apremios que sufren los sistemas de salud en América Latina y el Caribe, examinar la situación de esta región desde la perspectiva bioética, puede parecer, una preocupación secundaria, salvo para los académicos. Pero, lejos de ser un nicho filosófico de poca utilidad en la vida, la bioética ofrece una vía para examinar los problemas morales que plantean la medicina y la salud pública en la actualidad.
Los países en desarrollo son las principales víctimas de los cambios ocurridos en la economía internacional y el sector de la salud se halla entre las áreas que han quedado relegadas. Las políticas de ajuste económico repercuten, fundamentalmente, en el desarrollo social, produciendo un sostenido déficit de recursos que se refleja en reducidos presupuestos de salud. A ello se adiciona la persistencia de una desigual distribución del ingreso nacional, de forma tal, que amplios sectores de la población quedan marginados al acceso de nuevas tecnologías e incluso, a los más elementales servicios de salud.
Rojas Ochoa anunció el siglo XXI como el siglo de la aplicación de las ciencias sociales a la solución de los problemas de salud. Pero advierte:
El discurso neoliberal puede tomar la idea del enfoque de salud de la población y en una táctica diversionista proponer acciones consecuentes con ese discurso, a la vez que propone no tomar acción en lo relativo a la asistencia a enfermos y discapacitados, dejando esta esfera a la práctica privada. Tal es la concepción que nos ofrece la tesis de las funciones esenciales de la salud pública, que al enumerarlas no las incluye y define otras once, ciertas, pero dejando la cuestión asistencial a la reforma neoliberal que privatiza estos servicios y otros que deben ser públicos. El enfoque de salud de la población, bien entendido y aplicado, no deja fuera de la responsabilidad estatal y de las funciones de la salud pública la función asistencial.
Los gobiernos neoliberales iniciaron estrategias aún vigentes en países subdesarrollados. La salud se convirtió entonces en una mercancía que se regula según los principios de oferta y demanda, en función de la capacidad adquisitiva de la población y a su vez está supeditada a la posición económica, social y política que se ocupe. Así se acentúa la estratificación social de los servicios, por lo que a cada clase social corresponde una forma de atención, ¿es esto ético?
La respuesta negativa a dicha interrogante es irrebatible. Al ignorar el tema de la deuda externa, el ALCA y los Tratados de Libre Comercio, se está ignorando las devastadoras consecuencias que estas políticas o estrategias neoliberales producen en las poblaciones más vulnerables y se aísla el contexto económico y social del cimiento donde se sustentan los principales determinantes de la salud pública.
Reconocidos expertos, académicos, dirigentes políticos y sociales, organismos no gubernamentales y aún organismos internacionales como la OPS, han advertido en la región sobre los riesgos generales y en particular, en salud pública, que entrañan los tratados de esta naturaleza. Dichos riesgos se refieren en especial a los costos y disponibilidad de medicamentos, a los usos y vigencias de las patentes, al mercado de tecnologías médicas, a la eventual expropiación de elementos de la biodiversidad y a un posible incremento de la exclusión social para ciertos sectores.
Las decisiones políticas por parte de los gobiernos de las naciones del hemisferio sur -los llamados países periféricos-, el fundamentalismo económico consecuente de la globalización desordenada y unilateral, empujará a las poblaciones pobres, cada vez más, rumbo a la discriminación social. Al mismo tiempo, el ejercicio del fundamentalismo económico por parte de los países ricos terminará proporcionando un inevitable imperialismo ético.
África Subsahariana tiene 16 países con economías más abiertas que la de Estados Unidos, pero no le quitan el primer lugar a América Latina (insuperable discípula neoliberal) que tiene 17 países en esa condición. No pueden los voceros de la apertura comercial acusar de rebeldía o siquiera de falta de cooperación a buena parte de los gobiernos de los países del sur en los años del neoliberalismo en auge. De allí resultan realidades tan absurdas que causarían risa si no tuvieran un significado tan doloroso para los pueblos.
En América Latina los principales problemas de la organización de los servicios en salud incluyen, además de la limitada cobertura, insuficientes medios para cubrir las demandas sanitarias de la población en términos de accesibilidad, integridad y calidad, así como asignación, uso inadecuado y poco equitativo de los recursos, que derivan en grandes desperdicios. Así, la crisis que afecta a los países pobres ha alcanzado cifras alarmantes. La OMS informa que más de 2 000 millones de personas viven en la pobreza (40 % de la población mundial), otros 1 000 millones sobreviven sin ingresos para satisfacer las necesidades básicas, cientos de millones padecen de malnutrición, el mas cruento e injusto de los padecimientos con que el subdesarrollo atormenta a la mayoría de los latinoamericanos.
El liderazgo mundial, en este aspecto lo tiene Haití. Reúne varias cualidades que revelan una coherencia impresionante. Es el país mas pobre del hemisferio occidental y uno de los mas pobres del mundo. Su pobreza es antológica, dolorosa y cruel. Pero desde 1986, Haití alcanzó el galardón como economía totalmente abierta, según clasificación del Fondo Monetario Internacional. Ha recibido cálidos elogios por su ejemplar voluntad aperturista. Es un ejemplo irrefutable de que la obediencia al modelo neoliberal de libre comercio es incapaz de resolver la pobreza y el subdesarrollo. Con la realidad social descrita, sobran los comentarios sobre los niveles de salud de su población.
Ejemplo como los antes citados, llevan a considerar como axioma que los modelos socioeconómicos neoliberales subrayan las diferencias entre los países desarrollados y los países en desarrollo, y hacen perecer las economías de las regiones más vulnerables. Estas diferencias se extrapolan a la organización y financiación de los sistemas y servicios de salud y se advierten en el antagónico comportamiento de los indicadores de salud entre ricos y pobres, dentro de países y entre países; fuertemente vinculados a la clase económica que se estudie, incluso en países que gozan de un buen nivel de salud. Tal y como ha planteado en reiteradas ocasiones la OMS, los pobres no sólo tienen vidas más cortas que los ricos, sino que además una enorme parte de su vida esta abocada a la incapacidad.
Como se ha podido apreciar, toda solución de mercadeo para la atención en salud conducirá inevitablemente a mayor iniquidad en esta materia, pues las prioridades para el establecimiento de los sistemas de salud no se fundamentan en la realidad social, sino en las exigencias del mercado y en los intereses de sus actores más fuertes.
En tanto la salud no sea considerada como un derecho fundamental del hombre y un deber de la comunidad, en tanto no se reconozca la responsabilidad del Estado en la atención y cuidado de la salud, en tanto no desaparezcan las desigualdades en la distribución de los recursos para la salud a escala nacional e internacional, en tanto no se luche frontalmente contra la pobreza, el hambre la ignorancia y la insalubridad, poco será lo que podrá lograrse con el mejoramiento de la salud humana en el mudo subdesarrollado.
La iniquidad es un elemento fundamental cuando se discute sobre bioética en salud pública. Las desigualdades innecesarias y evitables, existentes entre poblaciones, se traducen en desigualdades en términos de salud que van desde la adquisición de los productos farmacéuticos hasta el beneficio adquirido por la participación en determinadas investigaciones. La iniquidad social es el elemento medular en la mayoría de los problemas bioéticos que se vislumbran en la actualidad. Obviamente, son las diferencias marcadas por los niveles de desarrollo socioeconómico, entre regiones o entre individuos, las que suponen la diferencia entre la vida y la muerte.

BIOÉTICA, INVESTIGACIÓN Y SALUD PÚBLICA, DESDE UNA PERSPECTIVA SOCIAL

1.      RESUMEN
Actualmente es imprescindible en el planteamiento de los nuevos problemas biomédicos el análisis del contexto social en el que estos se insertan y considerar, además, el papel de la investigación científica en la asistencia a través de la incorporación de los nuevos conocimientos que ofrece y su materialización en el desarrollo de nuevas tecnologías. Si bien es obvio que la ciencia se enriquece por diversas vías, el proceso conocido como investigación científica se reconoce como el procedimiento principal del cual se vale la ciencia para desarrollar y enriquecer su acervo de conocimientos. El presente trabajo se propone valorar algunos aspectos bioéticos en el marco de la salud pública y las investigaciones biomédicas, analizados desde una perspectiva global. Para ello, además de abordar aspectos éticos generales, se alude a nuevos términos que han sido incorporados en el debate: equidad e imperialismo ético, y se analizan las principales motivaciones y limitaciones para la realización de investigaciones clínicas y epidemiológicas en los países en vía de desarrollo.
Palabras clave: Bioética, salud pública, investigación.

2.      JUICIO ÉTICO Y CONTEXTO SOCIAL, FUNDAMENTOS ESENCIALES EN LA INVESTIGACIÓN
Los principios de la ética hipocrática, basados fundamentalmente en el reconocimiento de la persona humana en todas sus dimensiones, materiales y espirituales, permitían un enfoque holístico del proceso salud-enfermedad, pero a partir del siglo XV, con el Renacimiento, generador de una revolución en el pensamiento humano, este enfoque cambió. La medicina, ya constituida como saber científico, desarrolló cada vez con más fuerza su paradigma biomédico.
Rudolph Virchow, científico que tomó parte en el movimiento revolucionario alemán de 1848, pavimentó el camino para importantes reformas médicas al acuñar la sentencia: “Los médicos son los abogados naturales de los pobres, y los problemas sociales caen en gran medida, dentro de su jurisdicción”. De este modo, comienzan a generarse nuevos puntos de vista que denotan cambios en la ética hipocrática y se promueven, entonces, los enfoques sociales de las causas de las enfermedades.
Es plausible considerar que la bioética, como disciplina científica, tiene sus raíces en la situación política, económica y social del mundo emergido de la segunda conflagración bélica global y el decursar impetuoso de la Revolución Científico Técnica. A Potter R, a principios de los años 70 del pasado siglo se debe su introducción.
En la salud pública y biomedicina este proceso se expresó por el acelerado ritmo de los avances científicos y técnicos en terapia intensiva, trasplantología, biología molecular, ingeniería genética, tecnologías reproductivas y neurociencias; así como por la acentuada comercialización de la medicina, el creciente peligro de la deshumanización ante el tecnologismo desenfrenado, la injusticia social en la asignación de recursos y el acceso desigual a los servicios de salud.
Obviamente, los progresos logrados en las ciencias biomédicas, en la tecnología, y su aplicación en la práctica, plantean nuevos desafíos y problemas éticos a la sociedad que deben ser debidamente considerados en la investigación científica.
El término bioética citado inicialmente con un sentido ecológico y poblacional, rápidamente se aplicó a los problemas de la salud pública y las investigaciones biomédicas, de manera tal, que incluyó el campo de estudios de la educación médica y lo trascendió en su proyección social. Es importante no restringir su concepto, sino entenderlo en la amplitud en el que se ha presentado y a partir de él realizar estrategias para la protección de la vida en toda su diversidad.
Las cuestiones éticas que deben ser discutidas en las ciencias médicas, no pueden quedar circunscritas a la clásica relación médico-paciente; tampoco su evaluación puede ser exclusiva de la labor asistencial que realiza el personal de la salud. Ellas exigen ser evaluadas en el marco de la investigación teniendo en consideración el contexto social en que se desarrolla, pues en este sentido, igualmente, pueden ser violados los derechos más elementales de un individuo.
Es ineludible el reconocimiento de la  investigación  científica como un  fenómeno social; no admitirlo implica negar su carácter dinámico y atomizar el proceso de la naturaleza humana que le da sentido.
Excluir el contexto social del proceso de investigación es la causa de cierta y peligrosa especialización que produce, como señala Martínez M, citando a Ortega y Gasset, “genios tontos que saben absolutamente todo acerca de la química de las enzimas, pero que, debido a esa formación, hace mucho tiempo han dejado de funcionar adecuadamente como personas”. Se trata del investigador neutro y frío, calculador, que todo lo centra en la objetividad, sin reconocer el complejo mundo de las influencias sociales y humanísticas, pretendiendo patrones absolutos que se alejan de la realidad.
La ciencia necesita una postura epistemológica y metodológica, que permita incorporar el saber de la humanidad, sin que ello se convierta en un compuesto ecléctico, sin orientación ni sentido (Álvarez C. Epistemología. Monografía. CeeS “Manuel F. Grant”, 1995).
Otros motivos para el examen crítico y reflexión sobre el protagonismo del componente social en las ciencias, pueden ser hallados en la obra de múltiples filósofos. Es preciso resaltar como especialmente persuasivas las reflexiones de Mainetti, refiriéndose específicamente a la medicina: “El caduceo, el estetoscopio y la doble hélice del código de la vida son símbolos de la transformación y síntesis de la medicina en clave humanística. La concepción posmoderna de la ciencia reclama el arte de crear un nuevo instrumento, el ethoscopio, o visor de valores para revelar el axiograma en las relaciones medico-paciente y medicina-sociedad. Se trata de corregir la ethoscopenia o ceguera moral y axiológica de la secular empresa reproductivamente científica de la salud”. Deberá ser considerado, además, el papel sustancial de la investigación en la asistencia médica a través de la incorporación de los nuevos conocimientos que ofrece y su materialización en el desarrollo de nuevas tecnologías.
LA DECLARACIÓN UNIVERSAL SOBRE BIOÉTICA Y DERECHOS HUMANOS ADOPTADA POR LA UNESCO, el 19 de Octubre de 2005, propone la instauración internacional de principios comunes respecto a las cuestiones éticas relacionadas con la medicina, las ciencias de la vida y las tecnologías aplicadas a los seres humanos, teniendo en cuenta sus dimensiones sociales, jurídicas y ambientales. La Declaración propicia nuevos enfoques de la responsabilidad social para garantizar que el progreso de la ciencia y la tecnología contribuyan a la justicia y a la equidad, y sean empleados en beneficio e interés de la humanidad. De igual modo insta a fomentar la solidaridad, de manera que los países en desarrollo puedan disponer de la capacidad necesaria para participar en la creación y el intercambio de conocimientos científicos y tecnológicos, así como el aprovechamiento compartido de sus beneficios.
El tercer documento normativo adoptado por la UNESCO en materia de bioética podría ser, por error para algunos, el reflejo de un pensamiento utópico. La Declaración pretende contribuir a universalizar un marco ético ante una ciencia que cada vez tiene menos fronteras. La aplicación de sus postulados, reclama el análisis y reflexión de clínicos y salubristas sobre aspectos bioéticos, que comprenden los problemas afines con valores personales y profesionales y que se corresponden, en general, con los principios sociales asumidos por la sociedad en que vivimos y que de manera inequívoca se expresan en la investigación y en el estado de salud de las poblaciones.

¿QUE ES BIOÉTICA EN SALUD PÚBLICA?

Se puede entender que la bioética es el estudio sistemático de la conducta moral en el área de las ciencias médicas y de la práctica de la medicina(18). Bioética es un término relativamente moderno y vinculado a la tecnología moderna. Pero desde Platón, Aristóteles, Hipócrates, ha habido una reflexión filosófica y ética sobre la medicina. Recordemos la famosa frase de Hipócrates: “El médico que llega a ser filósofo, se asemeja a un dios”, citada por Jaspers(19). Durante la Edad Media la teología llevó la voz cantante en la reflexión moral. Recién con la modernidad se va produciendo un proceso de secularización de la sociedad y sus instituciones, incluida la medicina y la reflexión moral sobre la práctica médica.
Sin embargo la “bioética moderna” tiene un origen todavía mucho más reciente. Quizás un antecedente relevante es la Comisión Internacional que juzgó los actos médicos que violaban la moral durante el nazismo. El término se consolida en EE.UU. en las décadas del 50 y 60, cuando se hacen públicos una serie de actos aberrantes vinculados con la experimentación humana sin consentimiento, realizados en grupos minoritarios (negros, indios, presos).
Simultáneamente las denuncias jurídicas por mal-praxis iban en aumento. Se entiende esto último si se recuerda que EE.UU. es el único de los países desarrollados que no cuenta con un Sistema Nacional de Salud, estando regida la atención médica por la ley del mercado. En EE.UU. dice Kassirer(20) “Se gasta todavía mucho dinero en realizar excesivos exámenes y tratamientos innecesarios, en estadías hospitalarias demasiado prolongadas y en otras actividades burocrático-administrativas”. A esto debe agregarse un crecimiento exponencial de la tecnología médica, siendo EE.UU. el país sede de la mayoría de las empresas productoras.
Se comienza así a crear comités del Gobierno y se empieza a estudiar normas reguladoras de la práctica médica desde el Departamento de Salud Pública. Al mismo tiempo, en la década del 60, se crean los primeros Institutos, vinculados a Universidades, encargados del estudio de las cuestiones bioéticas. En la Universidad de Yale surge el “Hastings Center” y en la Georgetown el “Kennedy Institute”. Ya para 1988 había, en EE.UU., 87 Centros para el estudio de la bioética. A partir de esta realidad en EE.UU., los demás países ricos comienzan a sistematizar el estudio de la bioética.
Como se ve, el surgimiento de la bioética moderna ha estado muy vinculado a la defensa de los individuos y sus derechos, frente a la investigación y a la práctica médica tecnológica, cargada de beneficios, pero también de riesgos, incluido el deterioro de la relación médico-paciente. Ubel(21) nos dice: “La tecnología (médica) moderna permite a los médicos actuar como si ya no fuera necesario hablar con los pacientes”.
Pero esta misma tecnología médica, permite mantener con vida en algunos casos a pacientes que en otras condiciones hubieran muerto, pero a su vez muchos de ellos (sean recién nacidos, niños, adultos o viejos) pueden sobrevivir pero con una calidad de vida deficiente. Se plantea una situación relativamente nueva: el equipo médico deberá resolver si la calidad futura de vida amerita que se mantenga la vida.
La complejización de las cuestiones bioéticas, ha llevado a la Organización Panamericana de la Salud a crear un Programa Regional de Bioética.
No es el objetivo de este trabajo describir el estado actual de la bioética, cosa que se puede ver en la bibliografía citada. Pero sí interesa destacar algunos aspectos que entendemos han sido fundamentales. La medicina artesanal se ha industrializado en los últimos 20 o 30 años. Se ha producido una proletarización del trabajo médico (salario, atomización y división del trabajo, pérdida de la propiedad de los instrumentos de trabajo).
El motor de estos cambios ha sido sin duda el desarrollo acelerado de la tecnología médica diagnóstica y terapéutica. Esto ha llevado en general a una extensión de cobertura (aún con todas las salvedades para los países pobres e incluso en EE.UU. con 30 millones de personas no aseguradas).
Todo este conjunto de situaciones ha producido como ya se señaló, un deterioro muy grande de la relación médico-paciente. Recordemos que en la década del 20 Parsons consideró esta relación como un modelo de interacción social (roles, estatus) que contribuía al equilibrio social. Hoy esta relación deteriorada, ha llevado al des-equilibrio social, debiendo recurrir frecuentemente a la justicia.
Este desarrollo tecnológico ha producido también una serie de situaciones inéditas en lo que tiene que ver con la calidad de vida, con la fecundación asistida, con la eutanasia, entre otras situaciones. Ni el derecho ni la moral habían avanzado con tanta rapidez como para poder resolver muchas de estas cuestiones.
Sin embargo, la mayoría de las situaciones mencionadas, y varias otras, absolutamente inéditas y espectaculares, no son frecuentes. No afectan a la mayoría de las personas e incluso en países pequeños como el nuestro puede ser que ni siquiera se hayan visto ni se vayan a ver en el futuro. Estas son situaciones extremas, límites. Por eso Berlinguer llama a la bioética que se ocupa de estas cuestiones “bioética de frontera”. Sin duda son las cuestiones más llamativas, más espectaculares. Son las más atractivas para los medios de comunicación de masas. El mismo Berlinguer nos señala: “predominio de la sociedad espectáculo, búsqueda de lo sensacional, carrera desprejuiciada hacia el éxito”. Y podemos señalar algún ejemplo de “monstruosidad espectacular”: trasplantes cardíacos en recién nacidos con malformaciones graves, hibridación hombre-mono, etc., etc.
Lo más importante es que como la otra cara de la moneda tenemos la “bioética cotidiana”, que tiene que ver con la problemática aún no resuelta en el Tercer Mundo ni siquiera en el mundo desarrollado: la pobreza y la explotación. Esto lleva a problemas vinculados con la asignación de recursos (a salud o al armamentismo); sistemas de salud universales o solo para los que pueden pagar; servicios inaccesibles para minorías étnicas y culturales; calidad de la atención o productividad.
No se trata de un “fundamentalismo verde” que oponga lo natural a lo artificial. “La confrontación de mayor intensidad” en términos de Berlinguer (ya citado), debiera ser “por un lado libertad-responsabilidad y por otro mercantilización explotación”. Grandes sectores de la población del mundo no tienen un ingreso nutritivo mínimo y siguen muriendo con las enfermedades del siglo XVII.
Contra la desnutrición no es necesario un apoyo sofisticado de la tecnología médica. Esta bioética cotidiana es en los países pobres la ética de la liberación. Una ética que a través de la equidad en la distribución de los recursos permita un acceso a los satisfactores de las necesidades básicas de toda la población.
Para quienes vivimos en el Tercer Mundo, subdesarrollado y empobrecido, nuestra prioridad bioética es la bioética cotidiana, la ética de la liberación. La falta de equidad y universalidad en el acceso a los servicios de salud así como a la información y al capital cultural necesario para evitar comportamientos de riesgo, debieran ser, desde el punto de vista de una ética comunicativa y de la liberación, la primera prioridad.
“Salute per tutti o per pochi?” se pregunta Berlinguer. ÀEs el modelo médico hegemónico (biologista, curativo, mercantilizado, des-humanizado) el que dará salud para todos? El planteamiento que surge de lo anterior, entonces es si las preguntas estarán bien formuladas. Fecundación asistida, trasplantes, pero Àcon qué modelo? ÀSeguiremos en un modelo asistencial excluyente?
La bioética es un estatuto específico de la ética. Entonces la pregunta es Àla ética del neo-liberalismo o la ética de la liberación? Esa es la encrucijada de la ética de la cual nos habla Rebellato (ya citado). Este planteo no presenta a la bioética de la responsabilidad individual como antítesis de la bioética de la actitud (en términos de Apel). Son complementarias.
Se puede considerar que existe una dimensión de la ética en salud pública, como dice Garrafa o una dimensión colectiva de la bioética. Esta dimensión colectiva prioriza los problemas de la equidad y el igualitarismo. Podría considerarse en términos de Bobbio, una ética de izquierda. No excluye los problemas de la responsabilidad y de los derechos La dimensión colectiva de la bioética tiene como objeto de preocupación, análisis y reflexión, los derechos sociales mientras la bioética de la responsabilidad prioriza los derechos individuales.
 La dimensión colectiva de la bioética debe constituirse en una garantía de los derechos sociales. Y por lo tanto, no puede ser tema de “especialistas”. La bioética colectiva es un deber político de todos los ciudadanos y de la sociedad en su conjunto (Estado y sociedad civil). Es una tarea plural, democrática y multidisciplinaria. Es una defensa contra los “autoritarismos” del Estado o del poder médico.
En síntesis en este trabajo se hace un llamado a la reflexión colectiva, que desde una ética comunicativa y de la liberación, con un énfasis en la autonomía individual y en la equidad en la distribución de recursos (y satisfactores) contribuya a la transformación del modelo médico hegemónico, logrando la universalidad y la integridad en salud, constituyéndose en la bioética colectiva (dimensión colectiva y social de la bioética).

¿QUE ES BIOETICA?

La bioética es la rama de la ética que se dedica a proveer los principios para la correcta conducta humana respecto a la vida, tanto de la vida humana como de la vida no humana (animal y vegetal), así como al ambiente en el que pueden darse condiciones aceptables para la vida.
En su sentido más amplio, la bioética, a diferencia de la ética médica, no se limita al ámbito médico, sino que incluye todos los problemas éticos que tienen que ver con la vida en general, extendiendo de esta manera su campo a cuestiones relacionadas con el medio ambiente y al trato debido a los animales. Se han formulado una serie de definiciones respecto a la disciplina de la Bioética, siendo una de ellas la adoptada por la Unidad Regional de Bioética de la OPS, con sede en Santiago de Chile y que, modificada por el S.J. Alfonso Llano Escobar en una revista de la especialidad, define a la Bioética como "el uso creativo del diálogo inter y transdisciplinarias entre ciencias de la vida y valores humanos para formular, articular y, en la medida de lo posible, resolver algunos de los problemas planteados por la investigación y la intervención sobre la vida, el medio ambiente y el planeta Tierra". Sin embargo, cabe destacar, que ya en 1978, el Kennedy Institute de la Universidad jesuita de Georgetown en Estados Unidos, había publicado la primera Enciclopedia de Bioética en cuatro volúmenes, dirigida por Warren Reich, un teólogo católico, donde se define a la Bioética como el "estudio sistemático de la conducta humana en el área de las ciencias de la vida y la salud, examinado a la luz de los valores y principios morales".
La bioética es una disciplina relativamente nueva, y el origen del término corresponde al pastor protestante, teólogo, filósofo y educador alemán Fritz Jahr, quien en 1927 usó el término Bio-Ethik en un artículo sobre la relación ética del ser humano con las plantas y los animales. Más adelante, en 1970, el Bioquímico norteamericano dedicado a la oncología Van Rensselaer Potter utilizó el término bio-ethics en un artículo sobre "la ciencia de la supervivencia" y posteriormente en 1971 en su libro Bioetica un puente hacia el futuro

EJES PARA UNA ESTRATEGIA DE ÉTICA

a. Promover el desarrollo

Durante el último decenio la salud ha adquirido un protagonismo sin precedentes como impulsor clave del progreso socioeconómico, de tal manera que nunca se había invertido en ella tal cantidad de recursos. No obstante, la pobreza sigue contribuyendo a la mala salud, y ésta hunde a grandes poblaciones en la pobreza. El desarrollo sanitario se rige por el principio ético de equidad: el acceso a intervenciones que salvan vidas o fomentan la salud no es algo que pueda negarse por razones injustas, en particular por razones económicas o sociales. El respeto de ese principio asegura que las actividades de la OMS orientadas al desarrollo sanitario otorguen prioridad a los resultados de salud entre los grupos pobres, desfavorecidos o vulnerables. El logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud, la prevención y el tratamiento de las enfermedades crónicas y la lucha contra las enfermedades tropicales desatendidas son las piedras angulares de la agenda de salud y desarrollo.

b. Fomentar la seguridad sanitaria

La vulnerabilidad común a las amenazas que acechan a la seguridad sanitaria exige medidas colectivas. Una de las mayores amenazas para la seguridad sanitaria internacional son las que provocan los brotes de enfermedades emergentes y epidimiodógenas. Esos brotes son cada vez más frecuentes, como consecuencia de la rápida urbanización, el deterioro del medio ambiente, la manera de producir y comercializar los alimentos, y la manera de usar los antibióticos. La capacidad del mundo para defenderse colectivamente de los brotes epidémicos se verá reforzada en junio de 2007, fecha de entrada en vigor del Reglamento Sanitario Internacional revisado.

c. Fortalecer los sistemas de salud

Para que las mejoras de la salud operen como estrategia de reducción de la pobreza, es necesario que los servicios de salud lleguen a las poblaciones pobres y subatendidas. En muchas partes del mundo los sistemas de salud no pueden cumplir ese objetivo, lo que hace del fortalecimiento de esos sistemas una alta prioridad de la OMS. Entre los diversos aspectos abordados cabe mencionar la disponibilidad de un número adecuado de trabajadores debidamente cualificados, una financiación suficiente, sistemas idóneos para reunir estadísticas vitales, y acceso a las tecnologías apropiadas, incluidos medicamentos esenciales.

d. Aprovechar las investigaciones, la información y los datos probatorios

Los datos probatorios son la base para establecer las prioridades, definir las estrategias y medir los resultados. La OMS genera información sanitaria fidedigna, en consulta con destacados expertos, para fijar normas, formular opciones de política basadas en la evidencia y vigilar la evolución de la situación sanitaria mundial.

e. Potenciar las alianzas

La OMS lleva a cabo su trabajo con el apoyo y colaboración de numerosos asociados, incluidos organismos de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales, donantes, entidades de la sociedad civil y el sector privado. La OMS utiliza el poder estratégico de la evidencia para alentar a los asociados que aplican los programas en los países a alinear sus actividades con las mejores directrices y prácticas técnicas, así como con las prioridades establecidas por los países.

f. Mejorar el desempeño

La OMS participa en las reformas en curso encaminadas a mejorar su eficiencia y eficacia, tanto a nivel internacional como en los países. La OMS procura que su capital más importante, esto es, su personal, trabaje en un entorno motivador y gratificante. La OMS planifica su presupuesto y sus actividades mediante la gestión basada en los resultados, en la que se definen claramente los resultados previstos para poder medir el desempeño a nivel de país, regional e internacional.

1.       CARACTERÍSTICAS DEL EJE DE INVESTIGACIÓN EN SALUD EN EL ÁMBITO PERUANO
  • La fragmentación de nuestro sistema de salud no contribuye con la rectoría y la institucionalidad política requerida en el plano de la ética de la investigación en salud.
  • No hay condiciones para el desarrollo de la bioética en el ámbito del Consejo Nacional de Salud. Se carece de una previsión legal que taxativamente prevea el desarrollo ético, además, la institucionalidad del Comité instaurado es débil;
  • Es incipiente el marco normativo – léase conjunto de dispositivos legales – para la protección de los derechos de las personas que pudiesen resultar afectados por la acción investigadora acorde con los estándares del Sistema de Naciones Unidas.
  • Pese a contar con un marco legislativo de descentralización, la derivación de la función de gestión de la investigación en salud a nivel regional y local es ínfima y esto va en estrecha relación con la transferencia de un estándar ético adecuado que idóneamente puede asumirlo la conformación de una Comisión Nacional de ética en investigación en el país.
2.       CONCLUSIONES
Tres cuestiones surgen de esta suerte de diagnosis del sistema. La primera es que la creación de una Comisión Nacional sobre Ética de la Investigación en Salud es necesaria, dicha Comisión podría enmarcarse en un desarrollo legislativo vinculado con los derechos fundamentales y las cuestiones éticas en los ejes de investigación biomédica. Su desarrollo a nivel mundial es inevitable frente a los avances científicos y tecnológicos en el área de salud, que generan conflictos éticos que a su vez requieren reflexiones profundas y herramientas necesarias para establecer las mejores soluciones.
La segunda cuestión, que complementa a la primera, es que se debe promover una corriente favorable al acrecentamiento de la protección de los derechos de las personas sujetas de investigación. Un conjunto de iniciativas que cubran los actuales vacíos referidos a temas que van desde la protección de datos personales o la extensión del principio de autonomía hasta la articulación y supervisión de los CEI, se hacen entonces necesarias. Para ello la vinculación con actores de la sociedad civil que puedan hacer suyas las propuestas, y favorecer comunidades epistémicas en torno a ellas resulta fundamental. Los espacios relacionados con la promoción y difusión de la Bioética y Derechos Humanos que actualmente está promoviendo el Instituto Nacional de Salud a través de la Oficina General de Investigación y Transferencia Tecnológica, y el Comité Institucional de Ética en Investigación, en un ámbito descentralizado, pueden ser la base de ese proceso.
Finalmente, la tercera cuestión se enlaza con la segunda. Esto, por cuanto la concreción de un proceso que afiance el andamiaje legal y desarrolle ajustes sistémicos al ámbito de la ética de la investigación en salud es una empresa compleja y esforzada. Por ello consideramos necesaria la cooperación de actores clave que permitan afianzar el referido proceso.
En ese sentido el Simposio Internacional: Fortalecimiento de los Comités de Ética en Investigación en el Perú. Comisiones Nacionales de Bioética en América Latina, organizado por el Instituto Nacional de Salud, y realizado el 5 y 6 de agosto de 2010 en la ciudad de Lima, marcó un hito importante para el desarrollo de la agenda sobre las cuestiones éticas concernidas en la investigación en salud en nuestro país, ya que concretó presencias vitalizadoras e innovadoras de expertos latinoamericanos como Susana Vidal, Volnei Garrafa –ambos de la Red Bioética UNESCO– e Ignacio Maglio –Asesor del Comité de Ética del Hospital de Muñiz de Argentina–, quienes plantearon nuevas formas y estilos de abordaje de las cuestiones éticas desde un enfoque de bioética de la protección y derechos humanos.
Dicho enfoque, se caracteriza por la defensa de acciones afirmativas a favor de desamparados, la aplicación y adaptación a conflictos y dilemas morales de la salud pública, y a las especificidades de los “países en desarrollo”. Asimismo, precisa que los conflictos de intereses redundan en otro tipo de conflictos, llamados conflictos morales, y que solo pueden ser resueltos “dando soporte” (protegiendo) a los afectados, reales o potenciales, porque estos no son capaces, por alguna vía de regla independiente de su voluntad, de defenderse solos o porque las instituciones vigentes no les dan el soporte necesario para enfrentar su condición de afectados.
En este contexto, cabe esperar que los nuevos avances en las ciencias biológicas y la biotecnología sirvan para que, con la participación y la cooperación de comisiones nacionales de ética en investigación, el Estado peruano, canalice dichos conocimientos, con el objetivo de beneficiar no solo a las personas que acceden a participar en investigación, sino también de las sociedad en su conjunto.